lunes, 18 de abril de 2011

Capitulo 33

Por Sid

Estando en el comedor, a la hora del almuerzo Sidonie no dejaba de darle vueltas a los últimos sucesos…

Aún no había olvidado el extraño sueño de Ivonne de la otra noche… eso no era normal -pensaba Sid-, como compañera de cuarto sabía que había algo más, pero no quería decirlo… y eso me preocupaba mucho. ...[-la temperatura baja unos grados-]...

Lo peor de todo es que si le preguntara lo negaría todo, igual que hizo en aquel momento, cosa que me cabreaba… [-la temperatura baja unos grados más-]… se suponía que éramos amigas y no simples compañeras de dormitorio, por eso la cubría cuando se escapaba con Bones.

¿Qué se pensaban, que no me daba cuenta lo feliz y vigorosa que regresaba Ivonne de los “supuestos entrenamientos”? ¿O del claro aroma a sexo que arrastraba con ella? Como si no tuviera suficiente con tener una deidad por guardián, literalmente… tan sólo con ver el brillo de su cuerpo y sentir su delicioso perfume… [-la temperatura empieza a subir-]… hacía que me volviera loca de necesidad. Tan sólo el entrenamiento de esa mañana me había dejado más excitada que una gata en celo.

Y para colmo Sher no deja de enviar esos sueños o visiones de sus momentos pecaminosos con Raghe… [-la temperatura sigue aumentando-]… Llevo más duchas frías que un adolescente, ¿cómo pretende Christian que sea capaz de concentrarme en los entrenamientos? Con semejante semental a mi lado… [-suben varios grados más-]…

Jazce explotó - Basta Sid o ¿quieres tratamiento de conducto sin Anestesia?

…[la temperatura baja repentinamente a un nivel normal]…

¡Dios! Que susto me ha dado, -pensó Sid, con el corazón en un puño-. Estaba tan concentrada en mis pensamientos que no era consciente de lo que sucedía a mi alrededor… Menos mal que la sorpresa ha roto lo que fuera que estaba haciendo con mi poder.

Christian tiene razón, debo seguir entrenándome más duro, mi poder es muy inestable y bastante peligroso. Pero es francamente difícil controlarlo porque está muy relacionado con mis emociones, y éstas con mis pensamientos… ¿¡y quién puede controlar sus pensamientos!? Mientras más trato de no pensar en algo más lo hago. …[-la temperatura baja unos grados-]…


Uff, ¡ya estoy otra vez! A ver, … ya sé, me pondré a recordar los consejos de Christian en el entrenamiento de esta mañana: Mi guardián me había llevado a un terreno alejado y prácticamente desértico, luego hizo que me sentara en el suelo, justo en el centro de un círculo formado por varios cubos de plástico negro. En ellos había velas encendidas y trozos de hielo, alternándose aleatoriamente.

-Deja la mente en blanco, necesitas concentrarte en tu interior para lograr diferenciar todo lo que te rodea.

-Eso no tiene sentido –repliqué yo.

-Sí que lo tiene, ¿cómo pretendes sentir lo que tengo en esos cubos si no eres capaz de percibir tu propia esencia? Para ello debes saber donde empiezas y donde terminas.

-Sigo sin entenderlo.

-Mentirosa –dijo él, tratando de esconder una sonrisa.

-Vale, tengo una ligera idea… Tengo que ser consciente de mi espíritu, de la misma forma que lo soy de mi cuerpo, y a partir de ahí lograr percibir lo que me rodea. Lo que me une y separa del mundo, algo así como diferenciar mis pies del suelo. El problema radica, querido guardián, en que no sé cómo hacer eso.

-Lo sabrías si te callaras y siguieras mis instrucciones –dijo Christian abandonando toda jovialidad. El inocente intento de coqueteo había terminado como siempre, con él tirándome un cubo de agua fría con una simple mirada. Era en esos momentos cuando más abandonaba su imagen humana, revelando al, hermoso pero cruel, ser sobrenatural.

-De acuerdo –dije tras respirar profundamente y lanzar un ligero suspiro-. ¿Qué tengo que hacer?

-Cierra los ojos y deja de pensar. Concéntrate en mi voz. –Una vez que Sid hizo lo que le pedía, Christian continuó dando instrucciones, con un tono de voz casi hipnotizante-. Intenta percibir una energía en tu interior, la identificarás como un núcleo de calor titilante, como una luz cálida…

-Sí, ya lo siento… es como si la viera.

-Muy bien. –La felicitó Christian orgulloso, mientras se deleitaba libremente con su belleza ahora que ella tenía los ojos cerrados-. Ahora intenta ampliar tus sentidos, abarcando lo que hay a tu alrededor.

Sid intentó ampliar su radio de percepción, aunque no sabía bien cómo hacerlo. Simplemente se dejó llevar por su instinto, como cuando se orientaba en una habitación sin luz a través de los sonidos. Tenía que escuchar con su centro de poder.

-Ahh… -se sobresaltó ella, al lograrlo.

-¿Te encuentras bien? –preguntó su guardián preocupado.

-Sí, es que… hay un montón de luces, pero en realidad no las veo. No sé cómo explicarlo, es muy extraño… Todas son diferentes, con una gran gama de intensidades, y algo como… ¿color? –Pero no pudo continuar, algo le hizo perder la concentración.

-¿Qué sucede Sid? –preguntó angustiado, era obvio que a ella le sucedía algo, lo intuía por su voz. Y deseaba acercarse y estrecharla entre sus brazos, pero él mismo había prohibido toda clase de contacto físico cuando se comprometió a entrenarla como su guardián. Ella había estado en contra, por supuesto, su maldita parte fae la atraía como la miel a las moscas. Pero él no había tenido en cuenta el intenso contacto emocional. Sid despertaba en él toda clase de sensaciones: alegría, preocupación, enfado, comodidad, compenetración en pensamientos y acciones, cariño, pasión, lujuria, y por último, a pesar de que intentaba ignorarlo, amor.

-No es nada, -dijo ella abrumada por la experiencia.

-Lo intentaré de nuevo, a pesar de que no me gusta repetirme, -dijo enfadado por la más que obvia mentira-. ¿Qué sucede?

Sid se le quedó mirando, mientras meditaba muy bien sus siguientes palabras. Había sido la esencia de Christian la que le había hecho desconcentrarse e impedir que continuara con el ejercicio. Él poseía un resplandor hermoso, grande e intenso.

Al principio, cuando empezó a percibir lo que la rodeaba, había sido como ver un cielo estrellado. Una inmensidad de luces que iban desde pequeñas chispas a grandes albores como lunas. Pero entonces apareció una que eclipsaba a las demás, tal y como el sol hacía con las estrellas del firmamento. Sólo veía su resplandor, siendo atraída hacia él de una forma que no podía resistirse. Podía sentir su energía, su calor, su textura, era como tocarlo a él. Algo que deseaba más que cualquier otra cosa en el mundo, poder sentirlo, acariciarlo, besarlo… Y, entonces, perdió el control. Una vez más sus emociones habían alterado sus poderes, y estaba segura de que él se había dado cuenta.

No podía mentirle, pero sí decir una verdad a medias. Finalmente decidió decir:

-Era demasiado intenso, y he perdido la concentración.

Christian sabía que decía la verdad, pero notaba que le ocultaba algo. A pesar de todo decidió no presionarla.

-Será mejor que descanses un poco, al fin y al cabo ya casi es la hora de comer. Espero que luego te esfuerces más.

Y aquí estaba, sentada a la mesa del comedor, sin el menor apetito y con un sin fin de emociones y pensamientos con los que lidiar.

Todo la tenía frenética… me preocupo por el futuro que nos espera (frío), Sher me obliga a ver de primera mano una peli porno (calor), Christian me ignora (frío), pero cuando lo miro (calor)…

Sidonie se levantó antes que el resto, necesitaba estar sola para poder lidiar con sus emociones tranquilamente, sin preocuparse de que los cambios de temperatura afectaran a sus amigas.

No podía negarlo más, estaba cansada de que todas las chicas pudieran estar en todo momento con sus guardianes, mientras ella se conformaba con verlo durante los asépticos entrenamientos y las escasas reuniones. ¿Estaba celosa? No. No era tan superficial lo que sentía, ella realmente lo necesitaba, su presencia la calmaba de la misma forma que encendía su pasión.

Sid no sabía cómo había llegado a tales pensamientos, pero tenía muy clara la conclusión de los mismos: “Estaba enamorada de su guardián”.

El simple hecho de ser consciente de tal emoción hizo que se quedara paralizada. El amor es tan bello como la primavera, si no es correspondido es como si fueras alérgica al polen: tu nariz moquea, tus ojos permanecen irritados e hinchados todo el tiempo, te ahogas,… Y ese era su caso, Christian siempre se mostraba distante con ella, nunca habría un “vivieron felices y comieron perdices”.

Abrumada, decidió desahogar su frustración en el gimnasio, entrenando técnicas de ataque y defensa con dagas… sino también podía pegarle puños y patadas a un saco de arena mientras imaginaba la cara de su guardián.

El gimnasio estaba desierto, lo cual era normal pues las chicas y guardianes seguían comiendo. De modo que se puso a entrenar sola, aunque no por mucho tiempo.

-¿Qué haces aquí, Sid? –preguntó de repente Christian-. Aún no te toca entrenar con armas.

-No me digas… -respondió cortante Sid, mientras retomaba el ejercicio con las dagas. Asestando golpes más fuertes contra el muñeco de madera.

-Debes aprender a controlar tu poder, es más peligroso de lo que te piensas –la reprendió su guardián.

-Sí, tengo… entendido… que los climatizadores… son… mortales –se mofó ella, acompañando sus palabras con golpes.

-Ya basta –dijo Christian sin levantar la voz.

-Mira, esto no es fácil ¿vale? –explotó Sid en un arranque de furia… [-la temperatura baja varios grados-]…-. De un día a otro soy una “elegida” para librar una batalla de la que no sabemos nada. Día tras día tenemos que llevar a cabo un entrenamiento intensivo, tanto en físico como espiritual. Mis amigas me ocultan lo que podría ser información relevante de dicha batalla o del enemigo. …[-la temperatura baja unos grados más-]… Y tú…

-¿Y yo qué? –preguntó él al ver que no seguía.

-Lo sabes perfectamente. –Al ver que Christian iba a replicar, ella lo cortó-: Mira, solo necesito desahogar un poco de energía contenida. Y el golpear cosas me ayuda. Además, es un entrenamiento que también debo llevar a cabo.

-De acuerdo, -dijo él, y entonces los trasladó a los dos al descampado donde se entrenaban-. Si quieres hacer ejercicios de ataque y defensa yo te ayudaré. Soy tu guardián.

-¿Y no podíamos haberlos hecho en el gimnasio? –dijo Sidonie, harta de ese campo árido y, en especial, de no poder tener la posibilidad de huir de su guardián cuando lo necesitara. Estar en medio de la nada, sin nadie alrededor, no ayudaba mucho a olvidar su atracción y amor no correspondido por el escocés.

-Así es más seguro. Además, -dijo haciendo aparecer un tablero enorme con infinidad de armas: dagas, espadas, mazas,…- aquí tenemos todo lo que necesitamos.

-Bien, -espetó ella mientras tomaba una posición de ataque, con una daga en cada mano.

Christian eligió una de las espadas y tras girarla en su mano un par de veces, para sopesar el arma, se lanzó a la instrucción.

Los golpes se sucedían, Sidonie descargaba ambas hojas contra cualquier resquicio que consideraba descubierto, pero Christian era muy rápido y bloqueaba cada estocada fácilmente.

En vez de desahogar la frustración, ella estaba cabreándose más y más. Estaba enfadada con él, y Chrisitan lo sabía.

-¿Quieres decirme algo?

Sid sabía que no podía ocultarle nada, pero no por ello dejó de sorprenderla lo intuitivo que era y cómo daba en el clavo siempre. Sin embargo se recuperó rápidamente de la sorpresa y siguió golpeando.

-¿Qué tendría que decirte? Sólo estamos entrenando. –Respondió ella.

-No sé, tal vez quieras continuar donde lo dejaste antes. Ibas a decir algo sobre mí, -la presionó Christian, pues llevaba desde aquel momento con la incertidumbre de lo que podría ser. Aunque nunca lo reconocería ante ella.

-No tengo nada que decir.

-Mentira.

-No tiene importancia, -dijo ella tratando de evitar el tema.

-Mentira –repitió el guardián-. Prueba otra vez, a la tercera siempre va la vencida.

No podía negarlo más y no era capaz de pensar en una excusa plausible, pues el ejercicio, cada vez más agresivo, hacía que tuviera la mente en blanco y se dejara llevar por las emociones.

-¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me duele el no poder tocarte, o tu indiferencia? –le gritaba mientras golpeaba frenéticamente.

-Para Sid, si sigues…

-Querías saberlo ¿no? ¡Pues ahora lo vas a escuchar! –gritó furiosa-. Te deseo, pero no sólo por tu parte fae. Me gusta todo de ti.

-Sid, calmate… -rogó Christian, pero ella no le escuchaba.

-¡Te amo! –volvió a interrumpirlo-. ¿Es que no lo ves? ¡Maldita sea! ¡Yo…

No pudo continuar con lo que estaba diciendo. Una especie de explosión o una fuerza poderosa irrumpió entre ambos al chocar sus armas, como una especie de onda expansiva, que los lanzó hacia atrás.

Christian pudo estabilizarse y aterrizó en el suelo sin problemas. Sid, en cambio, cayó de culo con las piernas hacia arriba.

-Sid, ¿estás bien? –dijo él corriendo hasta donde estaba ella, para ver si tenía heridas.

-¿Qué coño ha pasado? –preguntó ella.

-Has creado una serie de corrientes de aire de diferentes temperaturas. Es por eso que te traigo aquí. –Le explicó mientras la ayudaba a ponerse en pie y comprobaba si tenía alguna herida-. ¿Ves por qué te digo que tu poder es peligroso?

-¿Me estás diciendo que puedo crear tornados…? –se cayó de repente. Sid no podía articular ni una sílaba más. ¡Christian la había tocado! Primero para ayudarla a levantarse y después barrió sus manos por su cuerpo, en busca de alguna herida sin duda, pero el efecto fue muy diferente. …[-la temperatura empieza a subir-]…

De repente, Christian se dio cuenta de lo que había hecho, pero ya no había vuelta atrás. Llevaba anhelando tocarla desde el día en que la conoció y ya no podía parar. Pero debía contenerse. Tras varios segundos en los que se estuvieron mirando a los ojos, él logró juntar las fuerzas necesarias para soltarla.

-Christian, -rogó ella.

-Es peligroso. Ya lo sabes.

-Una parte de ti sigue siendo humana, no sabes lo que sucederá. Además, no me importa ser una priya.

-¡No sabes lo que dices! –rugió él, alejándose de ella.

…[la temperatura cayó drásticamente]…

Sidonie quería morirse, si él la rechazaba de esa forma no podría seguir adelante. Sus emociones estaban más que destrozadas, y ellas eran las que regían su poder. Sin su poder, no podría ayudar a sus hermanas.

Las lágrimas empezaron a empañar sus ojos, impidiéndola ver. Aunque la ceguera era mucho mejor que ver cómo le daba la espalda su ser amado.

-Pequeña –susurró él de repente, mientras le acariciaba una mejilla, limpiándole las lágrimas-. No soporto verte así. Es por tu bien.

-Sin ti,… no estoy bien –lloró ella.

Sin poder resistirlo más, él la abrazó fuerte para reconfortarla. Susurrando palabras que ella no entendía, en un lenguaje extraño. A pesar de eso, las palabras parecían reconfortarla, o tal vez fueran las caricias que le daba.

-Te amo, Sid –le dijo él, justo antes de darle un suave beso en los labios. Y de repente, ella fue consciente de la enorme protuberancia a la altura de su estómago. Su guardián realmente era una deidad, porque en la Tierra no había nada como eso.

Sin poder evitarlo más ambos se dejaron llevar por la pasión. Amándose libremente, sin trabas o prohibiciones, sólo pasión.

-¿Estás bien? –preguntó Christian preocupado, sosteniéndola entre sus brazos.

-Sí. –Respondió ella, incapaz de decir algo más. Se sentía feliz, relajada, plena.

-Deberíamos estar entrenando.

-No seas aguafiestas, -logró decir ella, manteniendo los ojos cerrados y una gran sonrisa en los labios.

Él río por el comentario, haciendo retumbar su pecho. Y luego se centró en la pulsera que tenía en la muñeca.

-¿De dónde has sacado esa pulsera?

-Es un amuleto. Ivonne nos ha hecho uno a cada una.

-Posee un gran poder. Mis tíos hacen guardas protectoras muy semejantes. No te lo quites nunca.

-Tranquilo, no lo haré. Seguro que Ivonne se alegrará de tu aprobación.

-Bueno. Hora de entrenar –dijo Christian poniéndose en pie.

Ella lo obedeció a regañadientes, y entonces se percató del entorno. Las escasas plantas y objetos presentaban un aspecto horrible. Unas estaban totalmente mustias o calcinadas, y el resto congeladas.

-Eso es resultado de tu tornado –le dijo Christian, más serio por la importancia de la situación. Era importante que ella fuera consciente de lo que podía hacer.


***

Unas horas después Sidonie entraba en el comedor, satisfecha de la tarde vivida. No sólo había tenido la experiencia más magnífica de toda su vida, Chrisitian le había confesado su amor. Y, para colmo, había progresado muchísimo con sus poderes. Ahora era capaz de identificar diferentes fuentes de frío y calor, e incluso cambiar su temperatura.

Ahora entendía que Ivonne y Sher dominaran sus poderes mejor que el resto. Necesitamos tener el espíritu en paz para dominar nuestros poderes, y no hay nada mejor que dar rienda suelta a la pasión para lograrlo. El sexo debería ser otro ejercicio más dentro de nuestra tabla de entrenamiento, así avanzaríamos más deprisa.

-Te veo bien Sid, -dijo Luna, mientras entraba un plato en el microondas.

-La verdad es que me siento genial –dijo Sidonie con una gran sonrisa.

-Ya veo, -respondió Luna intuyendo la causa de su felicidad-. Mierda, el microondas se ha vuelto a estropear.

-Tal vez haya sido mi hermanita… La pobre G lo está pasando fatal, en cuanto se altera un poco todas las luces y electrodomésticos se vuelven locos.

-¿Y ahora que hago yo? Esto está helado –dijo Luna poniendo el plato sobre la mesa.

A Sid se le ocurrió algo, había logrado un gran control, así que si quería intentar algo parecido no habría mejor momento que ese.

-Apártate un poco Luni.

-¿Qué vas a hacer? –preguntó alarmada.

-Shhh… tranquila. –Dijo Sid mientras se concentraba. Segundo después la comida del plato humeaba-. ¡Sí! –gritó ella en señal de victoria-. Su plato está listo señorita.

-Creo que te has pasado… -dijo Luni. Y luego se quedó muy callada.

A Sid le extrañó. Había esperado alguna burla, o comentario jocoso. Eso la hizo pensar que tal vez ella no estaba controlando tan bien sus poderes. Pero es normal, están empezando… esa misma tarde había destrozado un campo antes de poder dominarse.

De repente, otro pensamiento asaltó a Sid. ¿Y si no fuera por falta de control? ¿Y si fuera por algo que haya visto?

-Luni, -dijo Sid para atraer su atención-. Si tuvieras una visión de lo que nos espera, la compartirías con nosotras ¿verdad? –preguntó recordando el secretismo de Ivonne y Sher.

-¿A qué viene eso, Red Fury? –preguntó con tono alegre. Pero Sidonie se dio cuenta de que evitaba su mirada. Además, había evitado responder haciendo otra pregunta, esa era una táctica que utilizaba con Christian. Claramente le ocultaba algo. Más secretos.

-A nada. No te preocupes –dijo Sid mientras se ponía en pie y se dirigía hacia la puerta. Era mejor salir de allí o acabaría gritándole a una de sus mejores amigas, a parte de congelar la sala. Había logrado juntar un gran control sobre su poder, no quería perderlo tan pronto.